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Realidades funestas

2019-12-29 08:57:31 | El Pionero

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Desde luego que se vale conjeturar para luego jugar al perplejo: ¿Por qué se nos ha impuesto tan rápido el estilo personal de gobernar del Presidente? ¿Por qué, a nuestra vez, optamos por evaluar al gobierno a partir del carácter del Presidente, de sus constantes salidas o puntadas, evasiones y evasivas, agresiones que van y vienen, en vez de escudriñar en las raíces de tal comportamiento y tratar de identificar las coordenadas que le permitieron alzarse con la victoria electoral del primero de julio del año pasado y conservar una aceptación considerable por parte de una mayoría que concede una y otra vez el beneficio de su duda a la propuesta del nuevo gobierno y su dirigente?


    

No tengo una respuesta satisfactoria, mucho menos unívoca, a estas y preguntas similares, pero sí una preocupación persistente por la calidad de la crítica esgrimida por sus más conspicuos adversarios, como el Presidente ha elegido calificarlos, a más de conservadores cuando en realidad en su mayoría son liberales políticos convictos y confesos. Y algunos de ellos, también liberales económicos inscritos en el siempre desconcertante continuo que va de los economistas de Manchester de XIX a los hayekianos de ayer, digamos que los 30, y de hoy, digamos que a partir de los años 60, cuando se decretó desde el poder imperial el fin de Keynes y sus enseñanzas.

En una crítica como ésta debería abrevar todo proyecto de construcción de una auténtica oposición leal, indispensable para siquiera imaginar un buen gobierno en medio de las marejadas y mareas altas que, sin remedio ni apelación alguna, vendrán sobre nosotros más pronto que tarde.

Sin un contexto de diversidad organizada para no sólo dar cabida, sino cauce a la pluralidad política que ya nos caracteriza, el país real, el político de las mil y una reformas y el económico del estancamiento secular con su cauda de empobrecimiento y desigualdad perenes, no encontrará salida productiva y duradera. Para así, quedar al amparo de las impetuosas corrientes de cambio técnico que ya están aquí y de mutación política que chinos y rusos, por su parte, y trumpianos, por la suya, buscan implantar ya como una alternativa radical del orden liberal y democrático de la segunda posguerra.

Eso es lo que nos jugamos y un primer criterio ordenador de nuestros juicios debería llevarnos a preguntar si las decisiones, dichos y hechos, del gobierno nos acercan a la erección de tal contexto, que es de exigencia, pero también de oportunidad, o no. El alejamiento presidencial de las cumbres del G20 y similares, nos dirían que no, que el Presidente opta por la abstención en un mundo que reclama tomas de posición audaces y visionarias. Pero, a la vez,la cautela elegida para lidiar con Trump sin desbarrancarse, aunque a costos muy altos en términos de la tradición, nos diría que se explora un esperar a ver sin incurrir en daños mayores para una relación bilateral siempre frágil y una vinculación económica compleja y arraigada hasta determinar, insatisfactoriamente, por lo demás, el ritmo general del crecimiento económico.

Lo inmediato y cierto, a pesar de que muchos puedan apostar a que esto es transitorio, es que nuestro andar ha sido incierto y dubitativo y que las agresiones de última hora de los golpistas bolivianos no hacen sino comprobar que nuestra añeja y respetada posición internacional constitucional, no conmueve a ninguno de los personajes siniestros que buscan derruir el horizonte latinoamericano progresista tan dura y esperanzadamente construido después de las décadas perdidas de finales del siglo pasado.

Se trata de realidades funestas que no pueden atribuirse a lo errático de nuestra posición externa y frente a la globalidad. En todo caso, el reclamo y la crítica deberían centrarse en nuestra lentitud para reaccionar y buscar caminos de adaptación a una realidad que no sólo es nueva, aunque no del todo inédita, sino misteriosa y opaca, dominada por caracteres agresivos y ominosos como lo son Trump, Bolsonaro o Johnson.

La intrigante y amenazadora escena del mundo no puede servir de pretexto para posponer la crítica o aferrarse al referido beneficio de la duda, pero sí para no perder de vista el peso que tal complejidad tiene sobre nosotros y nuestras decisiones.Las del hoy, responsabilidad del presidente López Obrador; las de mañana, cuando podamos o tengamos que hablar de un gobierno plural con vocación nacional, o las de más tarde, cuando tengamos que encarar los vericuetos de la sucesión presidencial que no será ni como ayer ni, mucho menos, como antier.

En la encrucijada, la peor de las compañías es la inveterada obsesión por el juicio rápido, simplista, pero sumario.

Por: Rolando Cordera Campos/La Jornada

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¿Quién hizo el milagro?

2020-03-29 21:50:38 | El Pionero

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La semana cerró con un sorpresivo mensaje nocturno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Con un fondo negro que hacía más dramático el momento, pedía lo que durante semanas evitó decir: “Lo que queremos es que se retiren todos, que estén en sus casas con sus familias”. “Podemos seguir desplazándonos para lo fundamental, no salir a la calle si no hay algo verdaderamente necesario que nos obligue a salir, lo mejor es quedarnos, vamos a aguantar”.


    

[% orquidea_tag %]¿Qué fue lo que hizo que el mandatario cambiara de opinión tan radicalmente sobre la estrategia a seguir contra la COVID-19? Tan sólo el 25 de marzo —cuando ya se había declarado que México pasaba a la fase 2— dijo en su mañanera: “Yo les diría ¿por qué no ir (a las fondas)? Si no está prohibido”.

En ese “mensaje especial al pueblo de México” comentó que le mostraron una gráfica donde le explicaban que si la gente no se cuidaba se iban a disparar los casos de infección y se iban a saturar los hospitales. ¿Le tenían escondida esa gráfica?, ¿apenas la vio?, ¿le pasó como a los hombres que les ponen el cuerno y son los últimos en enterarse? Porque ésa fue precisamente la lógica que utilizaron especialistas y académicos para pedirle —desde hace varias semanas— acciones más contundentes para achatar la curva del contagio.

Pero si la gráfica fue sólo el pretexto ¿qué supo el Presidente que lo obligó a cambiar de rumbo? ¿Por qué decidió que ya no era tan importante la economía?

Durante semanas él y el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell señalaron que no pararían para no afectar la economía. El viernes, en cambio, el Presidente dijo: “estoy pidiendo para el sector privado, a las empresas, yo sé que esto va a significar gastos, pero podemos perder más si no prevenimos, se nos puede caer más la economía”.

¿A qué funcionario o persona cercana se le debe colgar el milagro de la decisión presidencial? ¿El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, le habló de la crisis que viene con o sin personas en la calle? ¿López-Gatell finalmente se atrevió a explicarle que el 19 de abril el país no volverá a la normalidad?

¿Fueron las encuestas de aprobación que señalan que la línea de aprobación y desaprobación se juntaron y que la mayoría de la gente no aprueba el manejo que ha hecho de la contingencia?

¿Fue acaso la reducción de la agencia Standard and Poor’s a la calificación crediticia de México y de Pemex, y el ajuste que hizo JPMorgan a su pronóstico de crecimiento de la economía mexicana para situarlo en una contracción de siete por ciento para este año ante el efecto del coronavirus?

¿Fue la carta que enviaron exsecretarios de Salud, académicos, investigadores y comunicadores  en la que le exigieron al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador hacer más pruebas, suspender actividades masivas, cerrar espacios de convivencia pública y asignar recursos a instituciones de salud?

¿Fue la videoconferencia que tuvo con los líderes del G-20 en la que nadie —sólo él— habló de la familia, sino de la urgente necesidad de inyectar recursos para contrarrestar los impactos social, económico y financiero de la pandemia?

¿Fueron las manifestaciones de los médicos y enfermeras que salen a la calle pidiendo desesperamos equipamiento y protocolos para combatir la pandemia? ¿Fue el mensaje de Thalía?

Como dirían los clásicos: haiga sido como haiga sido, finalmente el Ejecutivo entendió que los mexicanos son especiales, pero no marcianos. Ojalá el cálculo político con el que estuvo actuando el mandatario no se traduzca en una crisis sanitaria, económica y social más fuerte de lo que debió ser.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

 

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