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¿Amenaza o estrategia?

2020-01-04 09:30:43 | El Pionero

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Con Donald Trump, a través del enfrentamiento de Estados Unidos contra Irán, regresa el discurso de defensa (y justicia)


    

Eran los últimos años de la década de los 90. Bill Clinton, el demócrata que había sacado a los republicanos de la Casa Blanca, enfrentaba el que sería el momento más álgido de su doble mandato: el proceso de destitución que de igual forma se convirtió en uno de los asuntos favoritos de los tabloides.

Clinton estuvo a una votación de abandonar su presidencia por la trama Lewinsky. Un mandatario, una infidelidad, el segundo proceso de impeachment en la historia del país. Una mina de oro para la prensa sensacionalista y un robusto capital televisivo (todavía este expediente es materia de documentales e incluso una próxima serie televisiva).

Por ello, al mismo tiempo, y porque así es la política, tan dependiente de la opinión pública, el entonces presidente de Estados Unidos tomó decisiones que, si bien eran altamente cuestionables, le aseguraría un desvío de atención suficiente que aminorara la presión del Congreso.

Así, Irak se convirtió otra vez en el blanco de una operación militar.

El discurso del enemigo, el de las armas, el de la defensa de las Fuerzas Armadas, operó estratégicamente para que la prensa pasara de los explosivos titulares sobre el affair Lewinsky a las explosiones en el territorio del mundo árabe.

Años después, un desaprobado George W. Bush aprovechó lo más que pudo la tragedia del 9/11.

Otra vez, el discurso patriota apareció para validar un mandato al que le urgía una narrativa que lo ubicara como un líder. Pocas direcciones tan precisas como la que lleva al miedo y paranoia colectiva.

Esas armas nucleares que justificaron la intervención, jamás aparecieron. Todo lo relacionado con Al Qaeda ha salido de Washington.

Tantos años después y el cuerpo de un derrotado Osama bin Laden es solamente una postal del imaginario que sólo se dibuja a partir de lo expresado por el Pentágono. Pero todo sirvió para que W. Bush terminara su gobierno como el presidente que defendió su país y a sus ciudadanos.

3 de enero, tercer día del 2020 y el mundo despertó en alerta. Estados Unidos asesinó a un líder iraquí al que responsabiliza de la muerte de cientos de militares y ciudadanos, ni más ni menos que uno de los halcones del régimen iraní.

La salida de Donald Trump de los Acuerdos de Teherán, hace varios meses, originó la tensión que se vivió en últimos días en su embajada en Bagdad, donde fue ejecutado Qasem Soleimani, tras la irrupción de manifestantes locales, algunas de las causales que llevaron al presidente de Estados Unidos a ordenar el despliegue de al menos tres mil militares en esa región del mundo. Eso, y la amenaza de Irán de una respuesta que llegará en el “lugar y momento indicados...”.

Y esta escalada se llevó los titulares en el mundo el primer viernes del año. El discurso de defensa (y justicia) al pueblo estadunidense regresa.

Nada como la tensión bélica para redireccionar reflectores. El mismo Donald Trump tuiteaba ayer una bandera estadunidense. Una guerra podría declararse, y él estará ahí para defender su país. Y con ello, tal vez y si es que tiene suerte, obligará al Senado a retrasar lo más posible la sesión faltante para concretar su destitución.

Aunque la mayoría republicana le asegure el voto contra su salida de la Casa Blanca, a ningún mandatario le viene mal una distracción. Menos aun cuando se logra con una razón ya probada.

Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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¿Quién hizo el milagro?

2020-03-29 21:50:38 | El Pionero

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La semana cerró con un sorpresivo mensaje nocturno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Con un fondo negro que hacía más dramático el momento, pedía lo que durante semanas evitó decir: “Lo que queremos es que se retiren todos, que estén en sus casas con sus familias”. “Podemos seguir desplazándonos para lo fundamental, no salir a la calle si no hay algo verdaderamente necesario que nos obligue a salir, lo mejor es quedarnos, vamos a aguantar”.


    

[% orquidea_tag %]¿Qué fue lo que hizo que el mandatario cambiara de opinión tan radicalmente sobre la estrategia a seguir contra la COVID-19? Tan sólo el 25 de marzo —cuando ya se había declarado que México pasaba a la fase 2— dijo en su mañanera: “Yo les diría ¿por qué no ir (a las fondas)? Si no está prohibido”.

En ese “mensaje especial al pueblo de México” comentó que le mostraron una gráfica donde le explicaban que si la gente no se cuidaba se iban a disparar los casos de infección y se iban a saturar los hospitales. ¿Le tenían escondida esa gráfica?, ¿apenas la vio?, ¿le pasó como a los hombres que les ponen el cuerno y son los últimos en enterarse? Porque ésa fue precisamente la lógica que utilizaron especialistas y académicos para pedirle —desde hace varias semanas— acciones más contundentes para achatar la curva del contagio.

Pero si la gráfica fue sólo el pretexto ¿qué supo el Presidente que lo obligó a cambiar de rumbo? ¿Por qué decidió que ya no era tan importante la economía?

Durante semanas él y el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell señalaron que no pararían para no afectar la economía. El viernes, en cambio, el Presidente dijo: “estoy pidiendo para el sector privado, a las empresas, yo sé que esto va a significar gastos, pero podemos perder más si no prevenimos, se nos puede caer más la economía”.

¿A qué funcionario o persona cercana se le debe colgar el milagro de la decisión presidencial? ¿El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, le habló de la crisis que viene con o sin personas en la calle? ¿López-Gatell finalmente se atrevió a explicarle que el 19 de abril el país no volverá a la normalidad?

¿Fueron las encuestas de aprobación que señalan que la línea de aprobación y desaprobación se juntaron y que la mayoría de la gente no aprueba el manejo que ha hecho de la contingencia?

¿Fue acaso la reducción de la agencia Standard and Poor’s a la calificación crediticia de México y de Pemex, y el ajuste que hizo JPMorgan a su pronóstico de crecimiento de la economía mexicana para situarlo en una contracción de siete por ciento para este año ante el efecto del coronavirus?

¿Fue la carta que enviaron exsecretarios de Salud, académicos, investigadores y comunicadores  en la que le exigieron al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador hacer más pruebas, suspender actividades masivas, cerrar espacios de convivencia pública y asignar recursos a instituciones de salud?

¿Fue la videoconferencia que tuvo con los líderes del G-20 en la que nadie —sólo él— habló de la familia, sino de la urgente necesidad de inyectar recursos para contrarrestar los impactos social, económico y financiero de la pandemia?

¿Fueron las manifestaciones de los médicos y enfermeras que salen a la calle pidiendo desesperamos equipamiento y protocolos para combatir la pandemia? ¿Fue el mensaje de Thalía?

Como dirían los clásicos: haiga sido como haiga sido, finalmente el Ejecutivo entendió que los mexicanos son especiales, pero no marcianos. Ojalá el cálculo político con el que estuvo actuando el mandatario no se traduzca en una crisis sanitaria, económica y social más fuerte de lo que debió ser.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

 

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