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Lozoya no será suficiente

2020-02-16 10:52:17 | El Pionero

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La periodista y activista Frida Guerrera cuestionó el viernes al tabasqueño. Desencajado, el mandatario no atinaba a responder adecuadamente. La presión lo obligó a dar un “decálogo” que, según él, daba respuestas a los cuestionamientos.


    

El feminicidio es un tema que, inexplicablemente, no le gusta abordar al presidente Andrés Manuel López Obrador. Lo impacienta, lo harta, le saca urticaria. Esta semana en dos ocasiones lo demostró.

La primera quedó registrada el 10 de febrero cuando el fiscal general de la República llegó a entregarle a Palacio Nacional 2 mil millones de pesos. Unas osadas e inoportunas reporteras (de esas que no son bienvenidas en las conferencias) le preguntaron a Gertz Manero sobre la eventual desaparición del feminicidio como delito. Después de escuchar sus respuestas el Ejecutivo tomó la palabra para señalar que la nota no era el feminicidio, sino el dinero que se estaba entregando: “Miren, no quiero que el tema sea nada más lo del feminicidio, ya está muy claro…”.

El asesinato de Ingrid Escamilla y la irresponsable publicación de sus fotos volvió a levantar el debate sobre el feminicidio. Ante esto, la periodista y activista Frida Guerrera cuestionó el viernes al tabasqueño. Desencajado, el mandatario no atinaba a responder adecuadamente. La presión lo obligó a dar un “decálogo” que, según él, daba respuestas a los cuestionamientos. Aquí los puntos:

1. Estoy en contra de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones (¿alguien en su sano juicio diría que está a favor?).

2. Se debe proteger la vida de hombres y mujeres, de todos los seres humanos (nomás faltaba que no).

3. Es una cobardía agredir a la mujer (¿en serio?).

4. El machismo es un anacronismo, un acto de brutalidad.

Los siguientes puntos son lo mismo, el amable lector debe entender que no es fácil sacarse 10 puntos de la manga sin recurrir a la repetición: 5. Se tiene que respetar a las mujeres; 6. No a las agresiones a mujeres; 7. No a los crímenes de odio contra mujeres.

8. Castigo a los responsables de la violencia contra mujeres (justo ése es el punto. Hay total impunidad).

9. El gobierno que represento se va a ocupar siempre de garantizar la seguridad de las mujeres (precisamente este punto es en el que ha fallado el gobierno federal y donde se abre el espacio para decir cómo va a lograrlo, cosa que no sucedió).

10. Nuestro compromiso es garantizar la paz y tranquilidad en México (lo cual no ha pasado porque ni siquiera hay una estrategia de seguridad).

Este decálogo tan lleno de lugares comunes pudo haberse fácilmente completado con cinco puntos más: 11. A la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa; 12. Come frutas y verduras; 13. Toma 2 litros de agua diariamente; 14. Fumar es dañino para tu salud y 15. Si tomas, no manejes.

Evidentemente, ese decálogo no es la política pública que se espera, pero, tan grande es la ceguera y la arrogancia que Comunicación Social de presidencia pensó que era una maravillosa idea ponerle diseño y distribuirlo por todas las redes sociales, como si fueran los 10 mandamientos o los 10 tips para lograr el éxito.

El Presidente no fue el único que resbaló. Claudia Sheinbaum fue solidaria y el mismo viernes, cuando las manifestaciones estaban más encendidas, fue interrogada por los reporteros sobre lo que estaba ocurriendo. La jefa de Gobierno dijo: “Ahorita no”, como si fuera opcional, como si le estuvieran ofreciendo una dona o un refresco. La insensibilidad es contagiosa.

¿Qué le toca hacer al Presidente? Aprovechar la mañanera del lunes para llamar a la secretaria de Gobernación y al Gabinete de Seguridad para explicar qué están haciendo para combatir el feminicidio, de lo contrario ni la captura de Emilio Lozoya ni la rifa del avión serán suficientes para distraer la atención.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

 

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¿Quién hizo el milagro?

2020-03-29 21:50:38 | El Pionero

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La semana cerró con un sorpresivo mensaje nocturno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Con un fondo negro que hacía más dramático el momento, pedía lo que durante semanas evitó decir: “Lo que queremos es que se retiren todos, que estén en sus casas con sus familias”. “Podemos seguir desplazándonos para lo fundamental, no salir a la calle si no hay algo verdaderamente necesario que nos obligue a salir, lo mejor es quedarnos, vamos a aguantar”.


    

[% orquidea_tag %]¿Qué fue lo que hizo que el mandatario cambiara de opinión tan radicalmente sobre la estrategia a seguir contra la COVID-19? Tan sólo el 25 de marzo —cuando ya se había declarado que México pasaba a la fase 2— dijo en su mañanera: “Yo les diría ¿por qué no ir (a las fondas)? Si no está prohibido”.

En ese “mensaje especial al pueblo de México” comentó que le mostraron una gráfica donde le explicaban que si la gente no se cuidaba se iban a disparar los casos de infección y se iban a saturar los hospitales. ¿Le tenían escondida esa gráfica?, ¿apenas la vio?, ¿le pasó como a los hombres que les ponen el cuerno y son los últimos en enterarse? Porque ésa fue precisamente la lógica que utilizaron especialistas y académicos para pedirle —desde hace varias semanas— acciones más contundentes para achatar la curva del contagio.

Pero si la gráfica fue sólo el pretexto ¿qué supo el Presidente que lo obligó a cambiar de rumbo? ¿Por qué decidió que ya no era tan importante la economía?

Durante semanas él y el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell señalaron que no pararían para no afectar la economía. El viernes, en cambio, el Presidente dijo: “estoy pidiendo para el sector privado, a las empresas, yo sé que esto va a significar gastos, pero podemos perder más si no prevenimos, se nos puede caer más la economía”.

¿A qué funcionario o persona cercana se le debe colgar el milagro de la decisión presidencial? ¿El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, le habló de la crisis que viene con o sin personas en la calle? ¿López-Gatell finalmente se atrevió a explicarle que el 19 de abril el país no volverá a la normalidad?

¿Fueron las encuestas de aprobación que señalan que la línea de aprobación y desaprobación se juntaron y que la mayoría de la gente no aprueba el manejo que ha hecho de la contingencia?

¿Fue acaso la reducción de la agencia Standard and Poor’s a la calificación crediticia de México y de Pemex, y el ajuste que hizo JPMorgan a su pronóstico de crecimiento de la economía mexicana para situarlo en una contracción de siete por ciento para este año ante el efecto del coronavirus?

¿Fue la carta que enviaron exsecretarios de Salud, académicos, investigadores y comunicadores  en la que le exigieron al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador hacer más pruebas, suspender actividades masivas, cerrar espacios de convivencia pública y asignar recursos a instituciones de salud?

¿Fue la videoconferencia que tuvo con los líderes del G-20 en la que nadie —sólo él— habló de la familia, sino de la urgente necesidad de inyectar recursos para contrarrestar los impactos social, económico y financiero de la pandemia?

¿Fueron las manifestaciones de los médicos y enfermeras que salen a la calle pidiendo desesperamos equipamiento y protocolos para combatir la pandemia? ¿Fue el mensaje de Thalía?

Como dirían los clásicos: haiga sido como haiga sido, finalmente el Ejecutivo entendió que los mexicanos son especiales, pero no marcianos. Ojalá el cálculo político con el que estuvo actuando el mandatario no se traduzca en una crisis sanitaria, económica y social más fuerte de lo que debió ser.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

 

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