Es un asunto de deportistas
A lo largo de los años he comentado que solo los deportistas dan alegrías colectivas a los pueblos, que solo ellos pueden crear un sentido de unidad nacional, desde esa euforia, que nadie más puede crear.
Es cierto que los artistas dan alegrías grupales o individuales, incluso expresiones locales de euforia y que un reconocimiento académico, como un premio Nobel, refuerza el sentido de identidad.
Pero nada, absolutamente nada ni nadie, absolutamente nadie, puede producir el sentido de unidad y alegría nacional que crea un triunfo deportivo como el que acaba de vivir nuestro país al lograr que su selección nacional olímpica de futbol ganara la medalla de oro por primera vez en la historia deportiva de México, abriendo las puertas de la leyenda deportiva.
Lo que vivió México el sábado será una jornada inolvidable, la sensación de victoria, de triunfo y de que sí se puede, queda como un antecedente que habíamos olvidado, la historia de una victoria de esa magnitud en medio de un conflicto poselectoral, que de nuevo vuelve a dividir y a enfrentar a los mexicanos, es un bálsamo que habrá quien califique como una “columna de humo”, argumentando que hay cosas más importantes que un campeonato olímpico de futbol.
Podrán decir, seguro lo han dicho ya, que es una maniobra que va del fin de un gobierno al inicio de otro, que se trata de un distractor, de una maniobra, de más pan —o PRI— y circo, incapaces de sumarse a una victoria deportiva mundial de un puñado de jugadores a los que nadie les daba esa oportunidad y que de repente, uno tras otro, se fueron dando los resultados hasta llegar a la final en la que, de nuevo, las posibilidades parecían nulas: ¡Brasil!
Pero las cosas se dieron al punto que el mismo Pelé regateó el triunfo mexicano y en Brasil se dijo que la plata era un mal resultado, para luego oír esos lugares comunes de algunos protagonistas del balompié: “Que si el resultado no fue justo”, como si lo justo no fuera que ganara el que anota más tantos, como fue el caso de México; que si Brasil “no se merecía la derrota”, como si esto fuera de merecimientos y no de goles y todos esos lugares comunes que solo buscan disfrazar una derrota, pero no mellan una victoria como la del sábado en el estadio de Wembley.
Algo bueno está pasando en el futbol juvenil mexicano que gana dos mundiales Sub-17 (2005, 2011) y el oro olímpico. Pero algo malo le está sucediendo también cuando las victorias de los jóvenes jugadores se pierden en las ligas de los llamados “mayores”.
Quizá esta sea la señal y oportunidad para extender esa tendencia a ser mejores, y mientras solo darles las gracias a esos jugadores que nos dieron una alegría única y que tanta falta nos hacía. Sobre todo en estos momentos.
EN PRIVADO: Joaquín López-Dóriga



